Poca gente, grandes stands de maquinarias, dirigentes agrarios que saludan a los periodistas con vehemencia y un calor que parece derretir el asfalto son parte del escenario en el que se inauguró la edición número 14 de Expoagro, este martes en San Nicolás. Es el escenario de la expo. Porque el marco real del evento es la trama que se tensa con el primer cese de comercialización que impuso la Mesa de Enlace. O hay que decirlo, una parte de esa Mesa, la que representa a los grandes capitales y desoye a la gran cantidad de productores, medianos y pequeños, que trabajan el campo en todo el interior productivo. Los que son “el otro campo”, como ellos mismo se definen. Algunos pocos, caminan el predio. Y no estarán en la concentración que a modo de protesta se prepara en las afueras del predio para el día miércoles, con un trailer de escenario y un par de torres de sonido para amplificar el efecto.
Sin la presencia del presidente Alberto Fernández ni de los más altos funcionarios de la cartera agropecuaria, ni de los bancos estatales que tienen su stands (Nación y Provincia de Buenos Aires), la apertura de la expo le bajó el pulgar a la protesta.
Aunque se especula con que el ministro de Agricultura, Luis Basterra, pueda asistir el día viernes, todo hace suponer que solo la lluvia llegará estos días, como la bendición que siempre fue sobre los campos de la pampa húmeda, los que no necesitan riego y por eso son las mejores tierras del país. Y reportan tan grandes ganancias. Aun así, el clima en la exposición se debate entre la oferta de productos para un sector de importantes inversiones y grandes ganancias, y la resistencia a ofrecer, solidariamente, su participación en la dinámica productiva “en un país en crisis”, como dicen sus dirigentes, los más hostiles al gobierno.
Afuera del predio se prepara el acto en repudio a las medidas de Gobierno sobre retenciones. Se espera que la convocatoria sea numerosa, fogoneada por los productores autoconvocados y las entidades más duras: CRA y Sociedad Rural, en alianza con los grandes productores federados (de Federación Agraria) y las grandes cooperativas agropecuarias (Coninagro). Los autoconvocados no se sienten representado por las entidades ni comulgan con las propuesta del Gobierno. Sus columnas más importantes estarían llegando de Chaco, Santiago del Estero y Córdoba.
Mientras tanto, tranqueras adentro de la expo, todo es vacío, algunas sonrisas de compromiso y un poco de tensión. El vacío de las instancias de gobierno se hace notar. El coronavirus aporta lo suyo: de las 64 empresas internacionales comprometidas con la propuesta solo llegaron 14. Dentro del autódromo de San Nicolás, sobre el que se levanta la primera gran exposición agropecuaria del año, lo único que recuerda a la tradición de años anteriores es la dimensión de los stand y el tamaño de las maquinarias, siempre a tono con la línea agraria del capital concentrado.
No hay gente agolpada delante de los trailers para ver novedades, ni los grupos de colegios pululando entre las avenidas, ni la música a todo volumen.
Ya ni siquiera hubo un corte de cintas. Aggiornado, el acto inaugural se concentró en un “desligamiento de cintas” o un “desenlace de cintas”, como consignó el protocolo del evento. Fue a manos del gobernador de Santa Fe, Omar Perotti, el intendente nicoleño Manuel Passaglia, algunos embajadores y otros intendentes de la provincia, junto a dirigentes de las entidades agropecuarias y del grupo Clarín y el diario La Nación, organizadores de la muestra. Al finalizar, entre otros, se escuchaba a Carlos Ianizzotto, presidente de Coninagro, reclamar por las retenciones, pero especificar que apuestan “a retomar el dialogo”.
Informativamente, lo más relevante del día fue la conferencia de prensa llamada “De las cuatro cadenas”, por las asociaciones de los cultivos granarios de mayor impacto comercial: Asagir (girasol), Maizar (maíz), Acsoja (soja) y Argentrigo (trigo). Pese a las fuertes críticas a las retenciones, los dirigentes se mostraron dispuestos “a que se llegue al diálogo”. El presidente de Acsoja, Luis Zubizarreta, sostuvo: “Vamos a salir de la crisis dialogando”, luego de comparar la situación con el guion de la película Una tormenta perfecta, donde avisó que spoileaba y contó: “El barco llega al puerto y aquí vamos a llegar también”.
Casi no hay gente entre las calles por las que circulan los carritos tipo papamóvil, que llevan invitados ilustres o expositores. Y hay una novedad para desplazarse: los monopatines eléctricos, que son furor.
Eso sí, al mediodía, un tradicional banco hizo su clásico cóctel. Y en 50 metros por 50 había más gente que en toda la muestra y además se reunían ahí más hectáreas que la provincia de Buenos Aires.
Todo, por supuesto, lleno de apellidos con nombres de calles y avenidas: Anchorena, Pellegrini, Lacroze, Peña, Belgrano Rawson.
Algo para resaltar es que parece que el campo también se deconstruye, ya que es notable la falta de promotoras en todos los stand. Antes era común verlas en minifaldas o calzas. Hoy son chicas y chicos, con atuendo gauchesco en la mayoría de los casos, invitando a los stands.