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En el norte de Córdoba reactivaron una destilería para producir un insumo clave para el alcohol en gel.
Gastón Neffen Es una de esas historias productivas que se había trabado, por los vaivenes políticos y económicos de la Argentina, y que en el marco de la pandemia global del coronavirus recuperó un sentido que nadie habría imaginado hace sólo seis meses.
En el norte cordobés, en el establecimiento “Las Chilcas” los hermanos Aguilar Benítez llevan años apostando a un modelo de bioeconomía circular: siembran 8.600 hectáreas (sobre todo maíz, soja y trigo en el invierno) y se propusieron que todos los granos de maíz salgan como carne o alcohol. Por eso armaron un feedlot – con capacidad instalada para 16.000 cabezas-, una granja porcina y una minidestilería de alcohol con capacidad para producir 5 millones de litros por año.
“Nos metimos en el negocio del alcohol y de la energía por el valor agregado en origen y para potenciar la economía circular en la empresa”, le explicó a Clarín Rural Andrés Aguilar Benítez, el presidente de la firma.
Lo de economía circular no es verso.
Al lado de la planta de etanol hay un biodigestor que provee la energía (biogás) que hace funcionar la caldera de la destilería. “Esta planta es el alma del modelo de economía circular.
Acá procesamos el estiércol de la granja porcina y el feedlot, que sino sería un problema ambiental, sacamos como subproducto burlanda -un alimento central para los novillos- y vinaza; y también agua rica en nitrógeno, fósforo y materia orgánica que sirve para fertilizar los lotes”, resume Aguilar Benítez.
La gran paradoja es que el alma de la empresa entró en crisis. Como se congeló la fórmula del precio del etanol -a mediados del año pasado- la rentabilidad se derrumbó y decidieron paralizar la minidestilería. “La cerramos a fines de enero y estuvo parada todo febrero”, precisa Mario Aguilar Benítez, director de la empresa..
Después de una reunión entre referentes de empresas del sector, en la semana de Expoagro, la familia Aguilar Benítez -son cinco hermanos- decidió reactivar la destilería pero con el foco puesto en producir el insumo base para elaborar alcohol en gel, un producto esencial para luchar contra la pandemia del coronavirus. Venden toda la producción a la fábrica de Porta Hermanos en las afueras de la ciudad de Córdoba.
“Obviamente, el precio que cobramos por cada litro de alcohol es el mismo que en enero y los números siguen sin cerrar, pero lo vamos a producir igual”, se sinceró el presidente de Las Chilcas. Lo más loco es que encima los cargan. “Me llaman para decirme ustedes sí que vieron el negocio, que les voy a explicar”, insiste Andrés Aguilar Benítez.
Es un esquema que alineó alimentos y energía, con menor huella ambiental.
Y que venía rengo porque la ecuación del etanol no daba.
Con la pandemia encima, termina siendo un ejemplo de solidaridad cuando debería ser un agronegocio con todas las letras y contagiarse más rápido que el coronavirus.

Al frente. Andrés Aguilar Benítez y detrás la planta y el biodigestor.

Economía circular. Maíz, alcohol y un biodigestor que se alimenta de la bosta de los cerdos y los novillos.